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La Catalana Occidente de la familia Serra Farré, la cordura asegurada

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La Catalana Occidente de la familia Serra Farré, la cordura asegurada 1

Esta información se publicó originalmente el 23 de agosto de 2020 y, por tanto, la información que aparece hace referencia a la fecha especificada.

El negocio de los seguros consiste en administrar el miedo a las personas al riesgo. Al saber moverse entre dos extremos contrarios: el riesgo y la seguridad. Saber gestionarlos en el punto exacto es lo que ha hecho la familia Serra en los últimos ochenta años, porque desde una pequeña oficina de Manresa ha construido Catalana Occidente, un grupo líder internacional que los ha situado entre las familias más ricas de Cataluña.

Presidida por un hombre de la tercera generación, Josep Maria Serra Farré, Grupo Catalana Occidente SA es hoy una gigantesca empresa que factura 4.547 millones de euros, emplea a 7.400 personas y engloba marcas como Atradius, Crédito y Caución, Plus Ultra Seguros, Seguros Bilbao y una larga lista de compañías adquiridas en los últimos veinte años. Cuenta con cuatro millones de clientes en unos 50 países y cuenta con una red de más de 1.600 oficinas y 18.000 agentes. El año pasado ganó 424,5 millones (+9,9% visto el año anterior), repartiendo 105,9 entre sus accionistas (+7,3%).

Una multinacional con raíces en 1864

El Grupo Catalana Occidente (GCO) es el resultado de la confluencia de tres distintas líneas de origen. En primer lugar, la compañía de seguros La Catalana, fundada en 1864 por Fernando de Delás y de Gelpí, sobre la que se establece el nacimiento oficial, ya que en 2014 el GCO conmemoró su 150 aniversario. En segundo lugar, la minúscula Seguros Serra Sallent que el abuelo del actual presidente creó en Manresa. En tercer lugar, la compañía madrileña Occidente, que Jesús Serra y Santamans, su hijo, compró en 1948 después de independizarse de su padre. Finalmente, el éxito de su gestión en el frente de Occidente obró el prodigio de que el pez pequeño se comiera el gordo, y que Occidente absorbiera La Catalana en 1959 después de una década de gestión conjunta de las dos compañías por parte de Sierra. Había nacido Catalana Occidente.

La agencia Serra Sallent de Manresa

Josep Maria Serra Sallent había sido alcalde del Puente de Vilomara (El Bages) y había creado la pequeña agencia Seguros Serra Sallent en Manresa antes de la Guerra Civil. Frustrados sus intentos de progresar en la política, pasó penurias económicas. Uno de sus hijos, Jesús Serra y Santamans (1911-2005), ya había entrado a trabajar en un banco a los catorce años. Durante la guerra fue detenido por el comité antifascista y enviado a combatir en la batalla del Ebro. En la retirada, ingresó en un campo de concentración en Francia, donde reencontró a su hermano Antoni (1915-2001). Devueltos a la España franquista, pasaron un tiempo en otro campo en Cádiz.

Más tarde, junto a su hermano Antonio, fue a trabajar con su padre. Con su dinamismo y las ganas de ver mundo y crecer, pronto se le hicieron pequeñas la ciudad de Manresa y la agencia de su padre. En 1944 dio el salto hacia Barcelona, ​​pero siguió compartiendo negocios con su padre, que le había reclamado un heredero. Un heredero que sería el actual presidente, Josep Maria Serra i Farré, nacido ese mismo año. «Mi abuelo era un hombre con mucha personalidad y chocaba con mi padre, y éste se fue a Barcelona», ha explicado Serra.

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La primera acción empresarial fuera de Manresa, en el mismo año 1944, fue la creación de una mutua que todo el mundo conoce: Asepeyo. A partir de ahí, se introduce en el mundo de los seguros. En 1947 constituye y preside la compañía Depsa, dedicada a la defensa jurídica, y en 1949 es consejero delegado de Salerno, compañía de asistencia sanitaria creada en 1945. Su hermano Antoni se queda en Cataluña dirigiendo a la familiar Seguros Serra Sallent y llevando la delegación de Asepeyo. Después se concentra en la expansión de la popular mutua, de la que asume su presidencia en un crecimiento espectacular.

Jesús Serra y Santamans, en dos imágenes al frente de la compañía. Foto: Archivo fotográfico del GCO.

Sin embargo, los cambios de legislación comportaron un intervencionismo que no agradaba a Jesús Serra, que quería ejercer como empresario libre y con plenos poderes sobre su negocio, algo inviable ya en una mutua de la época. La oportunidad le salió en 1948 con la compra de Occidente, una compañía de seguros de cierto prestigio con sede en Madrid, fundada en 1902 con el nombre de Mutua Franco Española.

Convencidos de su hermano Antoni y otros futuros socios, con el conde de Godó entre ellos, se cerró la operación. Pero el disgusto vino justo después: la firma estaba en quiebra de hecho. A punto de ser intervenida por el Estado. Serra fue vilmente estafado por un «gángster» -en palabras de su hijo en un acto en el Círculo de Economía, en el 2018- que después incluso lo admitió, que les había estafado.

Salvar Occidente de la quiebra

Una entrevista a la desesperada con el director general del ramo le sirve para conseguir una prórroga de dos años a modo de «tiempo muerto» para encauzar ese desastre. Entonces, coge a su familia y se instala en Madrid para pilotar la salvación de Occidente. Lo que consigue, a base de austeridad, trabajo y de un empuje innovador capaz de desbordar los métodos casi ancestrales que regían las vetustas firmas del sector en la capital española. Y con el trabajo de algunos miembros de su equipo de Manresa y de Barcelona que se llevó a Madrid. Los resultados de su gestión fueron tan buenos en crecimiento y beneficios que apuntaron a un nuevo objetivo: La Catalana, un nombre legendario del seguro.

El asalto por el control de la histórica La Catalana

El fundador de La Catalana, Fernando de Delás y de Gelpí, fue sucedido en 1906 por su hijo, Josep Maria de Delás y Miralles, Pepe, que fue capaz de superar unos primeros cincuenta años de la compañía dedicado exclusivamente a hacer pólizas de incendio, y expandirla hasta dejarla en una posición de práctico liderazgo del sector en España cuando murió en 1954 a los 90 años de edad. El acceso a la dirección de su hijo Ramon de Delás i Sagarra llevó a la compañía a una fase de decadencia hasta el punto de recibir críticas de dejadez o desinterés por parte de algunos de los miembros del consejo.

Esto había debilitado la potencia de la marca, y Serra lo sabía. Pero cuando visitó a la familia Casades -una de las accionistas de Catalana- para comprarles su paquete, éstos ya las tenían comprometidas con un grupo italiano. Casades se atrincheró en el que como catalán era «un hombre de palabra» y no podía desdicharse. Puestos a jugárselo todo, cuando ya se marchaba, Serra se le encaró y le reprochó las cuatro barras de un escudo que tenía en casa: «Si usted es tan catalán, ¿por qué se vende la compañía a unos extranjeros ? ¿Qué dignidad tiene usted?».

El argumento arrolló la resistencia de Casades: antes de la Guerra Civil había militado en un partido catalanista. Tocado en su punto débil, ahí mismo se cerró la operación. Enterados de la transacción, otros accionistas vendieron acciones a Serra hasta que Occidente tomó la dirección de la empresa, dejando en minoría a los Delás fundadores.

Las relaciones con los socios minoritarios fueron en general amistosas, de modo que en el consejo de administración actual del GCO se sientan algunos de los nietos de los protagonistas de esa etapa, que conservan paquetes de acciones. De las que obtienen unos buenos dividendos. La Catalana ya cotizaba en Bolsa desde 1878 y ha seguido así hasta la fecha. En 1997 entró en el mercado continuo.

Una empresa «multifamiliar» con apellidos ilustres

Los Serra han definido el Grupo como el de una empresa multifamiliar. En el sentido de que, a pesar de tener un bloque mayoritario claro, conserva presencia de otras familias y se gobierna no a partir del buen entender de una sola persona, como suele ocurrir en las empresas familiares clásicas, sino de un consejo de administración y de una junta general de accionistas. «Somos una empresa familiar atípica porque funcionamos con el control de más de una familia», ha explicado Josep Maria Serra. La rama directa de Jesús Serra y Santamans estaba integrada por su esposa Lluïsa Farré i Navarro, con quien se casó en 1941 y sus descendientes: Josefa (1942), Assumpta (1943), Josep Maria (1944) y Jesús (1950) ).

En el consejo de administración de GCO, hay apellidos como el del vicepresidente, Javier Juncadella Salisachs, y los consejeros José Maria Juncadella Sala, descendientes de José Maria Juncadella Burés (presidente entre 1960 y 1992); o Fernando Villavecchia Obregón, emparentado con los Delás fundadores de Catalana e hijo del director financiero Javier Villavecchia de Delás (1921-2018).

El consejero Alberto Thiebaut Estrada pertenece a la familia Thiebaut, que ya eran socios de Serra en Asepeyo y después en Occidente. Enrique Giró Godó, de la familia de La Vanguardia, es otro de los descendientes presentes en el consejo. Cabe decir que el consejo de administración, en agosto de 2020, es un vallado masculino al límite: sólo hay una mujer, Maria Assumpta Soler Serra, entre sus 21 componentes, y que no tiene relación familiar con los Serra.

El peor momento: un secuestro de 66 días en manos de ETA-pm

Los días más dramáticos de la historia de los Serra comienzan el 26 de marzo de 1980. Jesús Serra y Santamans, de 68 años de edad, desaparece en el corto trayecto del Real Club Tenis en su domicilio de Pedralbes. Se trata de un secuestro. La familia no entiende por qué el objetivo es una persona que «nunca se ha metido en nada de política». La prensa especula con todas las hipótesis posibles, sin fundamento alguno. Mientras, se negocia con los secuestradores -de quienes se desconoce su identidad, o al menos ésta no trasciende- hasta que al cabo de 66 días, el 31 de mayo, el hombre es liberado. El rescate pagado fue de unos 150 millones de pesetas (unos 900.000 euros de la época), según la sentencia del juicio a sus presuntos autores.

Pocos días después de su liberación, ya no quedaban dudas de que era un golpe «económico» de la organización vasca ETA-pm, que no reivindicó por no descubrir la infraestructura para el cobro del «impuesto revolucionario» que estaba construyendo en Cataluña. Serra recibe a los medios de comunicación el día 11 de julio y da detalles de su calvario, que ha pasado en una sótano de cuatro metros cuadrados, vigilado por unos jóvenes que le sometieron a intensos interrogatorios sobre directivos de empresas de seguros .

En vez de hundirse, actuó de acuerdo con su temperamento: cada día hacía una larga «caminada» y escribía poesías a escondidas. Según la sentencia judicial, Serra estuvo prisionero en una casa de payés de Amezqueta, en Guipúzcoa. Siete vascos fueron condenados en diciembre de 1982 apenas de entre uno y dieciséis años de cárcel por los hechos.

Plantar al director del Banco Central para ir al tenis

Serra agradeció a sus vigilantes la «consideración» con la que le trataban porque si le hubieran maltratado se habría «hundido». Señaló que «eran gente ilustrada: «Todos los libros que me dejaban eran de premios Nobel». La terrible experiencia sufrida cambió el carácter de la víctima, según testigos de sus familiares directos. Sus hijas admitieron que en los últimos tiempos del cautiverio había experimentado un síndrome de Estocolmo hacia los secuestradores, «en especial una chica encantadora y monísima que le traía unas judías con chistorras» que le gustaban mucho.

Desde entonces, Jesús Serra puso a la familia, los amigos, los deportes y la música delante de su escala de valores, dejando la dedicación exclusiva al trabajo en segundo plano. Como anécdota, se explica que plantó el director del Banco Central porque una hora antes de su llegada se fue a jugar al tenis.

Un error policial hizo aún más sórdida esta historia: el 11 de julio, la policía española detuvo y torturó a las hermanas Eva y Blanca Serra i Puig, conocidas dirigentes del IPC (Independentistas de los Països Catalans), que era el partido continuador del PSAN-provisional, y otras tres personas. La brigada cometió un error descomunal y siguió una pista falsa que les llevó a capturarlas e interrogarlas en Madrid para hacerlas «confesar» a quien había cometido la acción. Los agentes les insistieron mucho en la coincidencia del apellido Serra de las dos hermanas con el del secuestrado. El escándalo por los malos tratos sufridos por los cinco detenidos fue tan grave que el grupo parlamentario de los Socialistas de Catalunya pidió al Congreso de los Diputados una investigación del caso.

Jesús Serra i Santamans, 60 años de patriarcado en la compañía

El balance de la vida y obra de Jesús Serra tiene como gran activo el crecimiento de la empresa, con metas tan revolucionarias como la introducción de la informática en el sector del seguro, de la que fue pionero en el estado español, mientras los demás todavía iban con papel y lápiz. Esto le proporcionó una ventaja crucial sobre los competidores, aunque en los primeros tiempos de la misteriosa máquina IBM no fueron sencillos. Cambió la estructura de funcionamiento para que los agentes se concentraran en realizar clientes y no en tareas de gestión administrativa, que pasaron a un área específica.

También fue el artífice de la construcción de la sede que todo el mundo puede ver en el lado norte de la autopista del Vallès, a la altura de Sant Cugat (Vallès Occidental). Inaugurado en 1971, es un edificio inconfundible, inspirado en la sede del departamento de investigación de la multinacional IBM de Niza. Lo seleccionaron durante un viaje por varios países europeos en busca de lo que debía ser el modelo ideal. Corría el año 1965 y ni siquiera existía la autopista. Los terrenos comprados eran una zona de caza de unas 40 hectáreas por un precio de 85 millones de pesetas a plazo durante diez años. Con la brutal inflación de la época, en realidad costaría la mitad.

Se explica la anécdota que Serra, carente siempre de innovar y de crecer, dijo medio en broma que estaba cansado de que en la sede de la compañía en la plaza de Catalunya le entraban a visitar demasiado a menudo sus conocidos y el despistaban del trabajo: «Si quieren verme, ahora tendrán que venir hasta Sant Cugat».

En junio de 1982 entró en el consejo de administración de Banca Catalana en la operación que se hizo para «despolitizar» la entidad y sustituir a algunas personas demasiado ligadas a la persona de Jordi Pujol. Serra siguió vinculado a la entidad durante su intervención y en un órgano posterior representó a los accionistas no bancarios. Catalana Occidente había hecho un fuerte gasto en la compra de bonos para salvar in extremis a Banca Catalana en 1982.

Entre otros cargos, presidió el Real Club de Tenis de Barcelona (1976-1989) y fue el primer presidente de la estación de Baqueira Beret en 1964, que le valió ser nombrado hijo adoptivo del Vall d’Aran . También recibió la Cruz de San Jorge de la Generalitat, en 1992; el premio de Honor del Turisme Català; el título de Bagenc de Honor de la Jove Cambra, en 1990, y fue el promotor del club de tenis y del puerto deportivo de Llafranc (Baix Empordà), además de recibir numerosos galardones del sector del seguro. Jesús Serra tiene una calle dedicada a Sant Cugat del Vallès, en reconocimiento a la gran labor de apoyo y mecenazgo que desplegó, sobre todo en el ámbito deportivo y social.

Su hermano Antoni también tiene una fundación, creada en 1976, que recuerda su legado y que se dedica especialmente a la ayuda a personas con discapacidad. Nacido en 1915, Antoni Serra i Santamans ejerció su actividad en la mutua Asepeyo, de la que, a su muerte, en septiembre de 2001, era presidente honorario. Su rama familiar forma también parte de los principales accionistas del Grupo Catalana Occidente. Fue Creu de Sant Jordi en 1993 y recibió la Orden del Mérito Civil en 1996 por su actividad empresarial.

Nombre: Josep Maria Serra Farré (Manresa, 1944).

Familia: hijo de Jesús Serra Santamans, creador de Catalana Occidente.

Negocio: presidente de Catalana Occidente, con una facturación de 4.547,7 millones.

Un sitio: la estación de esquí de Baqueira Beret, impulsada por la empresa.

Actitud frente al proceso: reclamó «tranquilidad» y trasladó su sede social a Madrid «con dolor del corazón» y porque «no había alternativa».

El relevo hacia el presidente actual

La entrada de la tercera generación en la empresa se concreta en 1969 con Josep Maria Serra i Farré, de 25 años de edad. Por razón de residencia familiar, realizó todos sus estudios en Madrid, entre los 8 y los 22 años, excepto el último año de carrera. Acto seguido, regresó a Barcelona y poco después entra a trabajar en la compañía. El relevo en el liderazgo se va haciendo de forma progresiva. En 1982 se convierte en director general y en 1991, consejero delegado. Su padre mantendría la presidencia hasta su traspaso, el 18 de diciembre de 2005, a los 94 años de edad.

El perfil de Josep Maria Serra Farré es el de un clásico gran empresario catalán. Si se le escucha con los ojos cerrados, podría creerse que se está delante de alguno de los otros príncipes del empresariado que hablan castellano con un marcado acento catalán. De aquellos que se guían por unos principios tan tradicionales como los de concentrarse «en lo que sabemos hacer» y al consagrar la cordura como norma de conducta personal y de administración del dinero.

Su filosofía de empresa se basa en técnicas como la autocrítica, la innovación, la capacidad de adaptación, la austeridad y el trabajo en equipo: «Busque al hombre imprescindible de la empresa y despiddle, porque todavía que esté muy capacitado, si es imprescindible significa que no delega, que no forma equipo. Una organización, o funciona con un equipo, o no funciona. El hombre imprescindible es la negación del equipo», afirma convencido.

Este marco conceptual, unido a una estabilidad directiva -«no tengo unos accionistas que me hagan mover la silla»-, le permiten tomar decisiones a largo plazo. Moverse con una agilidad que la mayoría de grandes empresas carecen de su complejidad en la propiedad y la gestión. De un puñetazo en la mesa, el GCO abandonó los ratings de Standard & Poor’s porque creía que eran incorrectos y le perjudicaban. No depender de los bancos es otra de sus normas.

Serra no concede entrevistas ni asiste a más actos públicos de los imprescindibles. Presidió el Instituto de la Empresa Familiar (IEF) entre 1996 y 1998. Su forma de hablar tiene una semejanza deliciosa con la del expresident Jordi Pujol, que le debía de pegar el estilo de contar anécdotas, citar frases textuales de conversaciones y adoptar su cantinela tan propia.

A pesar de haber sido campeón de España universitario de esquí y de su vinculación con Baqueira Beret, no puede decirse que se haya lucido al estilo de los personajes de la jet set que asaltaron la estación de esquí atraídos por la presencia de los príncipes Juan Carlos y Sofía a partir de 1974. Tampoco salía en las flamantes fotos de la plataforma empresarial Pont Aeri, creada para impedir el llamado «choque de trenes» entre Cataluña y España.

Trasladan su sede a Madrid en 2017 «con mucho dolor de nuestro corazón»

«Me pone bastante nervioso de los políticos actuales que su especialidad sea echar la culpa a los demás. En una empresa, eso no sirve para nada», se lamenta el presidente de GCO. No se le conocen simpatías políticas, pero en octubre de 2017 se apresuró a trasladar su sede social a Madrid (Paseo de la Castellana, 4), siguiendo la invitación de las autoridades españolas de alejarse del proceso de independencia.

En una carta dirigida a la plantilla de la empresa, Serra anunciaba que la compañía «tomará las medidas necesarias para garantizar que su actividad pueda desarrollarse en un marco estable y en un entorno de seguridad jurídica y económica». Argumentaba que la empresa tenía por encima de todo «la obligación de preservar los intereses de sus clientes, trabajadores, intermediarios y accionistas».

Según fuentes cercanas a la compañía, por su condición de regulada y de trabajar con el dinero como materia prima, quedar fuera de la cobertura del Banco Central Europeo, si se consolidaba un estado catalán independiente, podría tener unos efectos demoledores para la firma. Serra ha explicado que, al no existir alternativa, «somos una de las compañías que no hemos tenido otro remedio que trasladar el domicilio social a Madrid, y lo hemos hecho con mucho dolor de nuestro corazón, porque somos una compañía catalana de 150 años y que, además, se llama Catalana Occidente».

En 2014, con motivo de los 150 años de la firma, alertaba a la periodista Mar Galtés de que estaba inquieto por la situación política ya que «los empresarios necesitamos tranquilidad», GCO no cambiaría de marca porque «la palabra catalán vende solvencia y seriedad» «, pero después de los hechos de 2017 reconoció que las tornas se habían girado y que, en según qué niveles, el nombre «catalana» podía convertirse en un elemento en contra. Aquel 150 aniversario fue conmemorado con un acto con un millar de asistentes en el Museo de Arte Nacional, un espectáculo de luz y sonido en las fuentes de Montjuïc, la edición de un excelente libro de coleccionista y la producción del documental «El triunfo de un sueño».

El previsible sucesor del actual presidente forma parte ya de los órganos de dirección. El heredero Hugo Serra Calderón (Barcelona, ​​1975) es consejero desde 2006 y director general adjunto a la presidencia desde 2013. Ha cursado estudios de Business Administrator. Se declara admirador de sus predecesores y sabe que su entorno puede compararlo con el padre y el abuelo, «que le han dejado el listón muy arriba», según un analista consultado por NaciónDigital.

Crecer a base de comprar y comprar

Desde finales de siglo, el GCO se dedicó a comprar otras compañías para crecer y penetrar en territorios y en modalidades de cobertura de las que estaba ausente. En 1999 adquiere Multinacional Aseguradora (MNA) que rebautiza como Seguros Catalana Occidente. El Banco de España conminó a la propietaria, Caixa Catalunya, a venderla porque estaba en números rojos; el GCO la compró regalada y le dio la vuelta.

Al año siguiente logra el liderazgo estatal en seguros de crédito con la entrada en Crédito y Caución. Éste es un ámbito que motiva a Serra, que en 2008 compra un paquete mayoritario de Atradius, con sede en Holanda, la segunda compañía mundial en seguros de crédito. Ahora, ésta representa un 40% del negocio del grupo y una fuente de ingresos más que relevante.

Las compras locales continúan con NorteHispana y Lepanto, de seguros de fallecimiento. En 2004 es el turno de Seguros Bilbao, una veterana del País Vasco, y de Cosalud. Otras operaciones destacadas fueron Groupama Seguros (la actual Plus Ultra Seguros), en 2015 y el Grupo Previsora ​​Bilbaina, en 2016. Con la compra de Antares, en 2019, entra en el sector de la salud.

La política de Serra ha consistido en respetar la independencia jurídica y la identidad comercial de las compañías que ha comprado, aunque controle el 100% del capital. El Grupo se consolida como la más poderosa aseguradora del estado español independiente de las bancarias. En paralelo, ha llevado a cabo la expansión internacional que le da presencia en unos 50 países. Un 35% de la facturación es de fuera de España, un 27% del resto de la Unión Europea y el 8% del resto del mundo.

La compañía lleva veintidós años seguidos repartiendo dividendos. Esta rentabilidad sostenida ha hecho que el accionariado sea muy estable y no se haya producido movimientos de propiedad en los principales titulares de paquetes de acciones. El porcentaje en Bolsa supera ligeramente el 30% del capital. En 2018 culminaba una escalada que situaba la acción a más de 36 euros, cuando en 2002 se cotizaba a 3,9 euros.

Resistencia a la crisis de 2008

La crisis financiera internacional desatada a partir de 2008 no afectó a la escalada del GCO. Entre 2010 y 2014, inclusivos, destinó más de 400 millones en dividendos a los accionistas, gracias a ritmo de beneficio creciente anual de la compañía: desde 209 millones de 2010 a 268 millones de 2014.

Pero el GCO no se ha librado del impacto de la pandemia de la Covid-19: cuando ya había anunciado que este año repartiría un dividendo de unos 105 millones de euros, tuvo que dar marcha atrás, siguiendo las indicaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones de frenar las salidas de capital de las aseguradoras. Por último, la partida a repartir ha quedado en 81 millones.

La evolución de la cotización en bolsa no preocupa mucho al presidente Serra i Farré, que insiste en que lo que marca la evolución de una empresa es el resultado anual de negocio. Las acciones de GCO han tenido en estos últimos años una evolución fluctuante. La crisis de la Covid-19 ha llevado su cotización a tan sólo 17,88%, debido a los efectos mundiales demoledores que ha tenido sobre el negocio de los seguros de crédito, que son el segundo pilar de la casa, con un 42% del volumen de negocio en el último ejercicio.

En el primer semestre de 2020, el beneficio en esta área ha caído un 69% visto en el primer semestre del año anterior, mientras que el conjunto ha crecido un 3,5% por el incremento de facturaciones y por la incorporación de Ataras . El beneficio de este primer semestre es de 155 millones (-31%). GCO se consolida como quinto grupo asegurador de España (el primero de los no vinculados a la banca) y el segundo del mundo en seguros de crédito, a través de Artadius.

GCO ha aportado 2,27 millones al fondo solidario impulsado por el sector de las aseguradoras para cubrir una póliza de vida colectiva y un subsidio a todos los trabajadores sanitarios que sean hospitalizados por haberse infectado del coronavirus.

Baqueira Beret, una inversión fuera de los seguros

Otro episodio determinante en la historia del grupo es la escisión entre Josep Maria Serra y su hermano Jesús, en mayo de 2009, por motivos familiares o personales, según las fuentes. Éste llevaba unos años muy dedicado a la estación de esquí y al complejo hotelero de Baqueira Beret. Nacida en 1964, Catalana se hizo cargo del año siguiente para garantizar su viabilidad. El alejamiento se concretó en la salida de Jesús del consejo de administración de la sociedad familiar desde la que se controlan sus acciones de GCO.

A cambio, recibió seis millones de acciones de GCO, que le situaron en el 5% del capital del gigante asegurador. Así, Jesús Serra pasaba a controlar un paquete mayoritario de la estación, la única de carácter privado en el Pirineo catalán y que debe competir con todo lo demás, que fueron cayendo en manos de la Generalitat a medida que se arruinaban los sus propietarios.

También es cierto que, como ha reconocido el propio Jesús Serra i Farré, la presencia asidua de los monarcas españoles Juan Carlos y Sofía sirvió para poner de moda el complejo, y atraer a una corte selecta de famosos y millonarios que querían estar cerca de la realeza y, al mismo tiempo, disfrutar del esquí y de otras opciones deportivas.

Las inversiones inmobiliarias del GCO

Catalana Occidente no diversifica en otros negocios que seguros. Pero está claro que los brillantes resultados acumulados no pueden dormir en unos depósitos nada rentables ni acometer inversiones peligrosas. Comprar patrimonio inmobiliario ha sido un punto de destino en estos últimos años, a través de adquisiciones de inmuebles de oficinas para el alquiler en Barcelona, ​​Madrid y Bilbao, con unas superficies de más de 50.000 metros, según cálculos del portal Idealista.

Una operación con eco internacional cerrada este mes de junio es el alquiler a la estadounidense Apple de 6.000 metros de oficinas en el que había sido hasta el año 1971 la histórica sede de Catalana Occidente, el palacio Pasqual y Pons, en la esquina del paseo de Gràcia con la ronda de Sant Pere. El edificio es objeto de una larga rehabilitación -35 millones de presupuesto- que terminará el año 2021.

La sexta fortuna catalana

La familia Serra i Farré se sitúa en el decimoctavo puesto de las fortunas españolas, según la clasificación anual del diario El Mundo, y en el sexto puesto de las catalanas. Con un patrimonio neto calculado de 2.100 millones de euros, tiene el 97,17% de su patrimonio en Bolsa. Las diferentes ramas de la familia ostentan en conjunto aproximadamente un 56% del capital, siendo dentro de este conglomerado la familia de Josep Maria Serra quien posee el paquete más voluminoso. Según los cálculos del citado diario, «en los últimos siete años, las sociedades vinculadas a la familia Serra que controlan el accionariado de Catalana Occidente han recibido alrededor de 300 millones en concepto de dividendos y otros beneficios repartidos por el ‘aseguradora catalana’.

La Fundación Jesús Serra

La memoria y el ejemplo de Jesús Serra y Santamans impregnan todavía el espíritu de la familia y de los directivos del Grupo. La Fundación Catalana Occidente, constituida en 1998, cambió el nombre por el de Fundación Jesús Serra en 2006, poco después de su muerte. Con un presupuesto anual de 2,3 millones, la Fundación promueve un gran número de proyectos de investigación y docencia, acciones culturales, actividades deportivas e iniciativas solidarias. Colabora con entidades como Médicos sin Fronteras, Manos Unidas o la Fundación Balia, y promueve programas de becas y ayudas dirigidas sobre todo a los niños y jóvenes sin recursos o que sufren discapacitados para darles acceso a actividades deportivas, académicas, literarias y musicales.

También incide en impulsar programas de investigación, como la colaboración que lleva a cabo con el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC en la búsqueda de una vacuna para proteger a la población ante la infección de la Covid-19. Está presidida por Federico Halpern Blasco, cuñado de Serra y Farré, marido de su hermana Josefa. La vicepresidenta es su hija, Laura Halpern Serra, que también es patrona de la Fundación Princesa de Girona.

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